Cuando llega fin de año (o cualquier época de regalos), muchas empresas organizan celebraciones, intercambios de obsequios, cenas, brindis y otras manifestaciones de gratitud. Sin embargo —y aunque suene poco festivo— estos gestos aparentemente inocentes pueden traer consigo un riesgo real: los conflictos de interés. Es decir: situaciones en que intereses personales o relaciones externas podrían interferir (o parecer interferir) con la imparcialidad, la transparencia y los valores que toda empresa seria debe proteger.
Entonces: ¿cómo balancear el deseo de agradecer —o simplemente compartir cariño— con la necesidad de mantener la integridad y la reputación corporativa intacta? Aquí van algunas buenas prácticas que pueden ayudar a toda organización a sortear ese terreno resbaladizo sin convertirse en el “Grinch del Compliance”.
- No importa la intención; importa la apariencia
Quizás regalaste pensando “es solo un gesto amable”, pero en el mundo corporativo lo que importa no es lo que tú tenías en mente, sino lo que otros podrían interpretar. Un regalo —aunque parezca inocente— puede generar la percepción de influencia indebida o favoritismo.
Entonces, antes de aceptar o entregar algo, pregúntate: ¿cómo se vería esto si un colega, un cliente, un auditor —o incluso un familiar— lo conociera? Si hay algo de vergüenza, duda o posibilidad de malentendidos… mejor no.
Los conflictos de intereses no se limitan a la intención. No importa si quien lo recibe fue influenciado por un regalo o si quien lo dio pretendía influir en un resultado específico. Si el regalo da la impresión de ejercer una influencia indebida, crea un conflicto.
“Si la divulgación pública del regalo provocaría incomodidad, no lo aceptes” — buena regla de oro de compliance.
- Cuida el valor del regalo
Un obsequio costoso o lujoso puede levantar más sospechas que un simple gesto. Muchas políticas corporativas recomiendan que los regalos sean de “valor nominal” —es decir, modesto, simbólico, sin pretensiones de influir.
Además:
- Un regalo de marca o con logo del proveedor no hace la diferencia si su valor real es elevado.
- Cenas, entretenimientos, viajes —o cualquier atención costosa— suelen ser especialmente delicados: pueden reinterpretarse como “incentivos encubiertos”.
Regla práctica: si dudaras en mostrar la factura o el valor de lo que recibiste… quizás no vale la pena aceptar.
- Transparencia: declarar, compartir o devolver
Hay regalos que caen en un gris: no son necesariamente caros, pero tampoco completamente inocuos. ¿Qué hacer? Muchas empresas sugieren comportamientos de transparencias como: declarar el regalo, compartirlo con el equipo, o devolverlo/donarlo si hay dudas.
Además: nunca —recalco: nunca— deberías solicitar regalos a clientes, proveedores o socios. Esa simple acción ya cruza la línea ética.
- ¡Dinero y tarjetas regalo, fuera!
Aunque algunos piensen que una tarjeta de regalo o efectivo es “simpática y práctica”, desde el punto de vista de ética corporativa suelen estar prohibidos. La razón es clara: dinero o equivalentes siempre transmiten una obligación —explícita o tácita— que compromete la imparcialidad.
Si alguien insiste en darte un “detalle económico”, lo más prudente es declinar; o, si la política interna lo permite, aceptarlo solo si ese monto va a una donación o causa social —nunca como beneficio directo personal.
- Ten como Biblia tu Código de Conducta — y revísalo
Toda compañía responsable debería contar con una política clara de regalos, hospitalidad y conflictos de interés, que indique qué se puede aceptar, en qué contexto, con qué límites, y cómo documentarlo.
Si no existe, es buen momento para desarrollarla. Si ya existe —genial—, asegúrate de que todos la conozcan, la entiendan, y la apliquen. Las excepciones sin registro suelen ser los agujeros por donde se cuelan los problemas.
Si usted es el responsable de cumplimiento de su organización, es importante que las políticas de regalo y código de ética estén actualizadas. Resalte las normas que rigen las interacciones con funcionarios públicos, ya que suelen ser más estrictas. Asegúrese de que su programa de cumplimiento cuente con un método simplificado y optimizado para recopilar, rastrear y mitigar el conflicto de interés.
- Educar, entrenar y promover una cultura de integridad
Más allá de reglas y políticas, lo que realmente marca la diferencia es la cultura corporativa. Organizar capacitaciones —especialmente antes de fechas de regalos o eventos —es clave. Así todos estarán alineados, sabrán qué se puede aceptar, qué no, y por qué.
Cuando la integridad se convierte en parte del ADN de la empresa, los obsequios dejan de ser un riesgo y se transforman en símbolos legítimos de reconocimiento, siempre con respeto y ética.
Conclusión: sí a la cortesía, no al favoritismo
Regalar puede ser un gesto amable, humano y positivo. Pero en un entorno corporativo, donde las decisiones deben basarse en criterios objetivos, cualquier detalle —aunque parezca pequeño— cuenta. Un presente puede convertirse en un problema si compromete la transparencia, la imparcialidad o la reputación.
La clave está en: uso del sentido común, respeto por la ética de la organización, y una dosis saludable de transparencia. Si lo haces bien, tus regalos celebrarán el espíritu de comunidad… no un conflicto de interés.
Y si alguien te acusa de ser “el Grinch”, recuerda: a veces decir “no gracias” en nombre de la integridad es el mejor regalo que le haces a tu empresa.
Autor: José Gabriel Gutiérrez – Director Asociado de Compliance